sábado, 24 de septiembre de 2016

Autoconsuelo

Tengo tanta hambre de luz
que a veces llego a apagar el sol.

Un rastro borroso, un asiento reservado en un aeropuerto,
tú creciendo sin raíces.

Han quemado tu tierra, han incendiado tus recuerdos
y siempre vuelves
 a pedir comida, 
a que llenen tu boca

con la voz que te calmaba el llanto.

Pero esa voz,
esa voz ya no existe

Y digamos que tú soy yo
y yo tengo hambre 
aunque me tapen la boca
con las manos que antes acariciaban mi pelo.

Tengo tanta hambre de luz
que sólo vivo de noche
en cuartos oscuros
abrazando mis piernas
pensando que esta cama
es demasiado grande para mí. 
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